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Permacultura Integración Armoniosa

Sus principios de diseño pueden resumirse así: 

– Ubicación relativa: Cada elemento se sitúa en relación a otro de manera que se asistan entre ellos.

– Cada elemento cumple muchas funciones: Cada elemento del sistema puede ser escogido y ubicado de tal manera que cumpla tantas funciones como sea posible.

– Cada función es sostenida por muchos elementos: Las necesidades básicas (como agua, alimento, energía y protección contra el fuego) deben ser cubiertas de dos o más maneras.

– Planificación eficiente de energía: Simultáneamente en la zona y el sector donde se ubiquen las plantas, los rangos de animales y las estructuras.

– Uso de recursos biológicos: plantas y animales para ahorrar energía y hacer trabajo de pioneros, proveer combustible, fertilizantes, cultivar la tierra, controlar insectos, plagas, fuego y erosión de la tierra.

– Reciclar energía: En los sistemas modernos para el abastecimiento de alimentos, la provisión entera es provista por transportes grandes, enormes galpones y una red de mercados y supermercados. La alimentación sostenida por una permacultura diversificada es independiente del comercio de distribución y garantiza una dieta variada sin destruir la tierra que la alimenta. Un buen diseño utiliza las energías naturales, que ingresan al sistema así como aquellas que se producen localmente

– Sistemas intensivos a escala pequeña: Consiste en el enfoque de diseño de la comunidad, huerto o rancho, hacia el logro de mayores ventajas, usando cierta cantidad de trabajo humano, un gradual establecimiento de plantas productoras perennes, el uso de recursos biológicos, tecnologías alternativas y la utilización moderada de maquinaria apropiada.

– Acelerar la sucesión y la evolución: Los sistemas naturales se desarrollan y cambian a través del tiempo dando lugar a una sucesión de diferentes especies y animales. Por ejemplo, normalmente queremos cortar la hierba “mala” o quemarla. Pero en vez de frenar así la sucesión natural creando costos de energía y trabajo, se puede utilizar lo que ya está creciendo (la maleza sirve para fortalecer la fertilidad del suelo) e introducir plantas que puedan sobrevivir fácilmente:

* Hacer un incremento artificial de niveles orgánicos: mulch, cultivos de abono verde, compost etc.

* Sustituir la “maleza” o hierba mala con hierbas buenas que puedan crecer en el mismo lugar.

– Diversidad: El arreglo de las plantas de modo uniforme (monocultivo) crea trabajo excesivo e invita a las plagas, mientras que la diversidad integra el todo, reduciendo trabajo y evitando ataques. La suma del rendimiento en un sistema mixto es mucho mejor.

– Efecto borde: Borde es la interfase entre dos medios, como la superficie entre el agua y el aire, la costa entre tierra y mar, o el área entre el bosque y los pastos. Un borde actúa como red o colador: las energías o los materiales se acumulan en los bordes. Notando cómo en la naturaleza los bordes atrapan materiales, es posible diseñar sacando ventaja de éstos.

– Principios de actitud: 
1) Todo funciona en ambas direcciones. Todo recurso tiene una ventaja o una desventaja, dependiendo del uso que se haga de él. Las desventajas pueden verse como problemas y se puede invertir mucho para eliminar el problema, o hay modos de verlo como un recurso positivo. Tal es la tarea permacultural: diseñar justo cómo se puede utilizar cada recurso.
2) Uso intensivo de la información y la imaginación versus el uso intensivo de la energía y el capital

Por tratarse de fundamentos que son patrimonio de la humanidad, no sorprende que Masanobu Fukuoka, un agricultor y filósofo residente en la isla de Shikoku (sur de Japón), haya expresado principios básicos de la permacultura en un libro hoy mundialmente ponderado: Revolución de un rastrojo. A fines de la II Guerra Mundial era un joven químico que trabajaba en el laboratorio del Departamento de Agricultura de su país, derrotado por los estadounidenses. Los triunfadores promovían su tecnología agroquímica centrada en plaguicidas, fertilizantes sintéticos y fungicidas, venenos dispersados a granel mediante fumigaciones irrestrictas. Acosado por los remordimientos y al mismo tiempo por una búsqueda espiritual, Fukuoka decidió abandonar su empleo, algo nada común en Japón, donde la norma es que los profesionales sean empleados de alguna institución.

Había heredado de su padre unos campos de arroz: para asombro de sus amigos universitarios, decidió volver al lugar de su nacimiento. Y durante los primeros diez años hizo crecer allí el grano como se hacía dos siglos antes, sin cavar, insertando plantines sin fertilizante y –opuesto a la lógica imperante– inundando durante los meses de verano. Escribió: “Miren esta brizna de paja. A primera vista, esta paja de arroz puede parecer ligera e insignificante, pero yo he llegado a darme cuenta del peso y el poder de esta paja. Esta brizna puede originar una revolución.” Aparecieron ayudantes cautivados por las propuestas de su libro y la granja de la “revolución de un rastrojo” comenzó a crecer sin límite. Adquirió los campos de sus vecinos desencantados por el bajo rendimiento de suelos muy pobres. Desparramaba semillas de trébol y una amplia variedad de hierbas y vegetales. Y de lo que crecía, tomaba las semillas y un año tras otro las plantaba incansablemente. Descubría los potenciales de cada árbol y cada planta observando la actividad de los insectos del lugar. Hoy es un anciano sabio que vive con lo básico en una simple cabaña. Cuando lo interrogan sobre su sorprendente vitalidad, responde: “Todo el secreto es que no me preocupo en absoluto por mi salud. Quizás sea el hecho de que hace sesenta años decidí hacerme el estúpido y hacer estupideces.
Para que una organización funcione bien, precisa dinero e infraestructura. Para reverdecer, sólo hacen falta semillas y arcilla.”

Fukuoka y Mollison recorrieron rutas muy disímiles, para llegar al mismo lugar: la permacultura. Se conocieron durante un seminario en el oeste de Estados Unidos al que ambos fueron invitados en 1985. El australiano ponderó al japonés: “Es quien mejor ha descrito esta filosofía a partir de la observación profunda y prolongada del desempeño de las plantas y los animales”. Tiempo después, el sabio cultivador de arroz afirmaba que la agricultura natural emana de la salud espiritual del individuo: “Sanar la tierra y purificar el espíritu son una misma tarea. La agricultura natural no consiste apenas en obtener cosechas, consiste en cultivar y perfeccionar a los seres humanos”.


Por Miguel Grinberg

Lic. Miguel Grinberg: Escritor, periodista e instructor de meditación tibetana, Premio Global 500 PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), Profesor de Cultura y Ambiente, Maestría en Gestión Ambiental UNSAM. Dirigió la legendaria revista Mutantia. Sus libros más recientes son “Desarrollo Intuitivo” y “Celebración de la Vida Intensa”, y acaba de publicar “Somos la gente que estábamos esperando” (editorial Kier).

Fuente:
Condensado de un capítulo del libro “Somos la gente que estábamos esperando”.
Publicado en la revista El VegetarianoVegano N° 23

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