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Helioterapia

helioterapia

Muchas enfermedades pueden ser aliviadas o curadas por la benéfica acción atmosférica y por la Helioterapia.

Los efectos locales de la cura solar, pueden variar según las enfermedades y demás circunstancias. Sometiendo a los rayos solares fístulas poco profundas o llagas en supuración, puede observarse cómo éstas cambian inmediatamente de aspecto. Supuraciones de pus en la rodilla, mejoran notablemente en pocos días, perdiendo su mal olor y color característico y encaminándose rápidamente hacia la total curación.
Después de esta antisepsia local con el sol, que podríamos llamar de preparación, la insolación prolongada ejerce sobre las llagas y fístulas una acción cicatrizante.
Una llaga expuesta al sol curará, con mucha más rapidez que con otro tratamiento cualquiera. Esta es una experiencia muchas veces comprobada. Otra acción de la helioterapia que se observa con frecuencia y que no se limita solamente a las llagas, es el alivio que proporciona en los dolores y la notable mejoría que se experimenta en todos los síntomas. Estos resultados son fácilmente remarcables en la tuberculosis de la articulación y de los huesos, las coxalgias las artritis blenorrágicas, el raquitismo, las neuralgias, la peritonitis tuberculosa, etc., etc.
Los efectos de la helioterapia, pueden ser también secundarios, aunque no por esto dejen de ser interesantes. Uno de ellos es la pigmentación de la piel que aparece al cabo de algún tiempo, si bien no podemos precisar su significación ni su funcionamiento. En efecto, no está comprobado, a pesar de que una opinión muy extendida asegure lo contrario, si los que reaccionan rápidamente al sol por una. fuerte pigmentación de la piel, se curan mejor y más pronto que los demás. Lo cierto es que la piel que ha sido sometida durante cierto tiempo a la benéfica acción de los rayos solares, resiste en gran manera las infecciones locales.

La transpiración no se produce siempre durante el baño de sol y depende de la temperatura y de otros diversos factores. Además, no siempre es visible y muchas veces el sudor se evapora a medida que se produce, no causando de esta manera ninguna sensación desagradable. No por eso deja de ejercer su función eliminatoria que es de las más favorables.
La composición de la sangre participa también de muchas mejoras y poco a poco se cura la anemia.
Veamos la influencia propia de la cura solar en el estado general y sobre las grandes funciones orgánicas. Es fácil de comprobar el aumento de peso en las personas enflaquecidas y el de la capacidad torácica y el crecimiento en los niños. El sol estimula la secreción gástrica y el apetito. En los insomnios se consigue frecuentemente la vuelta normal del sueño, la digestión, en general, mejora y desaparecen por completo las migrañas.
En la mayoría de enfermos o personas debilitadas, niños o adultos, la cura solar determina un aumento de peso progresivo. por el contrario hemos obtenido, a menudo, disminución de peso en los obesos, con mejoramiento notable de sus lesiones, todo ello debido a la combustión de la grasa por la actividad imprimida a los procesos vitales que produce el sol.
Los baños de aire y sol, son, en principio, una forma sana de higiene, recomendable no sólo a los enfermos sino también a los sanos. «Es mejor cuidar su salud que su enfermedad», dice un proverbio.
Para los días en que no hay sol, aconsejamos la práctica de los baños de aire, a ser posible matinal, acompañado de ejercicios metódicos de todos los músculos del cuerpo y seguido de una ducha fría con fricción. Esta práctica estimula la piel, la despoja de sus impurezas diarias, activando la circulación y da vigor a todos los tejidos.
El baño de sol sistemático, realiza curas bien concretas, con mejoría considerable en el estado general del individuo.
La cura solar es muy indicada en los casos de convalecencia de enfermedades agudas, sea cual fuera su infección primitiva, catarro, bronconeumonía, escarlatina, difteria, gripe, fiebre tifoidea, etc.
En el raquitismo o escrofulismo y en la pretuberculosis, los rayos solares son eminentemente curativos y un poderoso lenitivo para toda clase de dolores.
La actividad de la circulación, la eliminación cutánea y otros fenómenos de actividad funcional, observados y controlados, dan a comprender la acción benéfica solar en la arteriosclerosis, la diabetes, gota, reuma. Pocas personas saben que la helioterapia facilita la curación de la sífilis. En todos los casos, los baños de sol obran de una manera tónica general y su acción es muy eficaz.
Creemos, pues, necesario, señalar que muchos otros estados patológicos pueden lograr su total curación o avanzar rápidamente por medio de la helioterapia. Son en primer lugar las alteraciones de la piel, como llagas y úlceras. En la úlcera variquense, se obtiene también muchos beneficios, mientras vaya unida la cura de reposo a la cura de sol.
Hemos visto curar por insolación viejas úlceras de quince años contra las cuales se había probado toda clase de remedios, siempre con resultado negativo. Se obtienen resultados análogos sobre el impetigo, la forunculosis y ciertos eczemas supurantes. En las afecciones de la piel la práctica de la insolación no se halla limitada a estos casos; también otras lesiones del mismo orden pueden obtener beneficios de la terapéutica solar.
Así mismo hemos visto fístulas del ano cicatrizarse perfectamente bajo la influencia del sol, obteniéndose los mismos resultados en el chancro blando, lo que no es de extrañar conociendo la poca resistencia que ofrece al sol el bacilo de Ducrey, productor del chancro blando, es decir , no sifilítico.
Los mismos efectos calmantes se obtienen en los sabañones y panadizos.
También es recomendable contra las inflamaciones localizadas en los ovarios, de la trompa y del pequeño pelvis.
Los enfermos deben perseguir tanto la mejora, del estado general como la del estado local, pues es raro que los disturbios locales no se resientan en el estado general.
La división en la descripción que hemos usado presenta indicaciones de helioterapia bajo una forma generalizada. En efecto, si en las enfermedades antes referidas la insolación aparece como un procedimiento remarcable, aquí veremos cómo se impone como un tratamiento metódico.
En los casos de tuberculosis pulmonar, sin otra localización, recomendamos tener una gran prudencia y desconfiar a menudo de la acción irritante del baño de sol que podría ocasionar subidas de temperatura o congestiones. Creemos que en este caso se debe tener sumo cuidado tanto en el señalamiento del enfermo como en la cura misma.

 

Reglas generales para la aplicación del Sol

La técnica general de la helioterapia parte del principio que debe recibirse directamente sobre la piel, participando de los rayos solares por dosis progresivas y aumentadas en duración y en extensión sobre las partes soleadas.
En ciertos casos la aplicación será local o parcial según el efecto que se desee obtener. Pero la mayoría de las veces el baño de sol general será preferible.

La exposición del cuerpo al sol, con vestiduras, ocasiona una transpiración sin evaporación y una sensación de calor a menudo molesto, pudiendo a veces ir acompañado de náuseas, vértigos y malestares diversos.
La cura solar deberá además ser al aire libre, sin interposición de cristales, telas o vestidos, a fin, de permitir a la aeroterapia ejercer toda su acción benéfica ya la radiación solar obrar integralmente. Sin embargo, en algunos casos podrán recibirse los rayos solares tras los cristales, sea obligado por la temperatura exterior o que se quiera moderar la intensidad de la radiación.
La duración progresiva del tratamiento solar podrá regularizar se de una forma variable y dependerá de la tolerancia del individuo y de la intensidad de la radiación que a su vez varía según las horas, las estaciones y las condiciones atmosféricas.
Se puede tomar un baño de sol o un baño de aire paseando a su antojo al aire libre y al sol. Si no hay sol, debe uno moverse más y hacer gimnasia o deportes, lo que resultará un baño de aire combinado con ejercicio.

La cura de helioterapia se puede hacer de la forma siguiente:
El primer día exponer el enfermo al sol con una camisa fina y un sombrero de tela, luego ir aumentando poco a poco las partes expuestas hasta su totalidad, aumentando a la par la duración.

Extraído del libro Desnudismo y Salud
Autor: Dr. Strasborg
Ed. Librería Sintes
Barcelona 1932

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