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Prevención: investigando a los asesinos más peligrosos

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La investigación médica está ante una encrucijada. Las enfermedades más mortíferas no pueden descifrarse mediante las viejas técnicas de experimentación. Para vencer a estas enfermedades los investigadores están buscando nuevas tecnologías y los médicos están forzados a aprender nuevos acercamientos.

 

Enfermedades del corazón: el asesino número uno

El mayor avance para entender las enfermedades del corazón se basó en descubrir que éstas pueden ser eliminadas al controlar tres factores: colesterol, presión sanguínea y el hábito de fumar. Este avance extraordinario se obtuvo en base a sofisticados estudios realizados en pacientes humanos.

Durante las cuatro décadas pasadas, en el estado de Massachusetts, miles de individuos en dos generaciones han sido estudiadas cuidadosamente para determinar que factores son responsables de las enfermedades del corazón. Este estudio demostró que si el nivel de colesterol permanece abajo 150 puntos la posibilidad de sufrir un ataque al corazón es extremadamente rara. Cada incremento del 1% en el colesterol conduce a un incremento del 2% en el riesgo. Otros estudios también han demostrado la importancia fundamental de controlar los niveles de colesterol.

Dean Ornish, doctor de la Universidad de California, ha demostrado que en la gente que sufre una enfermedad coronaria avanzada pero adopta una dieta vegetariana baja en grasas, deja de fumar, reduce el stress y comienza a realizar ejercicio diario las placas en sus arterias comienzan a desaparecer.

Los bypass y transplantes de corazón resultan útiles para algunos pacientes pero no poseen la efectividad de un cambio en el estilo de vida. Estas intervenciones pueden provocar que los pacientes desarrollen ateroesclerosis a menos que cambien su dieta por una más saludable. Claramente la mejor alternativa consiste en instruir al paciente para que realice estos cambios en la dieta cuando todavía es una persona saludable. Se deben desarrollar estudios sobre el comportamiento humano para ayudar a las personas fumadoras o con malos hábitos alimenticios a optar por un cambio saludable. Es necesario también realizar estudios políticos y económicos para analizar como transformar a las granjas de tabaco y ganado en productores de legumbres, vegetales, granos y frutas.

 

Cáncer: el asesino número dos.

En 1971 el presidente de los Estados Unidos Richard Nixon declare que dada comienzo a la Guerra contra en el cáncer. A pesar de los esfuerzos y recursos invertidos desde entonces, el número de muertes por esta enfermedad continua incrementandose.

Una técnica estándar en la búsqueda de nuevas drogas anticancerígenas consiste en probar las nuevas sustancias en ratones de laboratorio infectados con leucemia. Este procedimiento es costoso y muy lento. En todos estos años a producido muy pocos agentes efectivos, consumido millones de dólares y un millón de animales cada año.

Un nuevo método desarrollado por el Instituto Nacional de Cáncer en los Estados Unidos
prueba las nuevas drogas sobre células de tumores humanos. En un sistema automatizado la efectividad de una sustancia para matar las células cancerígenas es probada e ingresada en una computadora. Es importante destacar que muchas sustancias testeadas en los ratones y descartadas funcionan al analizarse en las células de tumores humanos.

Gran cantidad de estudios demuestran que el cáncer puede prevenirse en un 80 por ciento de los casos. 30 por ciento de los casos de cáncer se deben al tabaco. Si una persona no fuma el cáncer de pulmón se vuelve extremadamente raro. Por otra parte al menos un 35 por ciento de los casos de cáncer se deben desarreglos alimenticios.

En 1982 el Consejo Nacional de Investigaciones de los Estados Unidos publicó un reporte técnico denominado «Dieta, Nutrición y Cáncer» en el cual se muestra que la dieta es el factor más notable que puede señalarse como culpable de la epidemia de cáncer. Desde entonces más evidencia ha señalado una conexión entre factores específicos en la dieta y varios tipos de cáncer. Por ejemplo, las comidas ricas en grasas y aceites incrementan el riesgo de cáncer en los órganos digestivos.

Por otra parte, ciertos tipos de comida constituyen una ayuda para protegerse del cáncer. La fibra, encontrada principalmente en los granos enteros de cereales y legumbres ayuda a prevenir el cáncer de colon y recto. También reduce el riesgo de cáncer de mamas, disminuyendo el colesterol y las hormonas sexuales. Varias vitaminas poseen una actividad anticancerigena: betacarotenos (una forma de vitamina A encontrada en los vegetales de color verde oscuro y amarillos), vitamina C y vitamina E.

 

Ataques: el asesino número 3

En un ataque una parte del cerebro muere, produciendo esto una parálisis, perdida de las funciones sensoriales y frecuentemente la muerte del paciente. Estudios clínicos y epidemiológicos muestran que los ataques son causados por los mismos factores que llevan a las enfermedades coronarias: presión sanguínea elevada, altos niveles de colesterol y fumar. Controlar estos factores previene los temidos ataques. Para reducir la incidencia de los ataques en la población deberían tomarse medidas más agresivas a fin de ayudar a la gente a cambiar sus hábitos dietarios.

Referencias:
1. Boyd MR, Shoemaker RH, et al. Thoracic Oncology, ch. 51. W.B. Saunders, 1986.
2. National Research Council: Diet, Nutrition, and Cancer. Washington: National Academy Press, 1982.
3. Armstrong B, Doll R. Environmental factors and cancer incidence and mortality in different countries, with special reference to dietary practices. Int J Cancer 1975;15:617-31.
4. Bridges BA. Environmental Carcinogenesis. Emmelot P, Kriek E, eds., p. 3

Extraído de la web del PCRM
Physicians Committee for Responsible Medicine – Comité de Médicos por una Medicina Responsable –
traducido por Marcela Capobianco

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