Una solución que depende de nosotros
Faltan medicamentos en las farmacias… los jubilados (así como las personas de bajos recursos y aquellas que padecen enfermedades cuyos tratamientos son caros) no acceden a una aceptable atención sanitaria… aunque tuviéramos una buena cobertura médica, no tenemos las garantías de que ésta nos proteja como debería hacerlo. ¿Todo esto tiene que ver con la crisis en la que estamos inmersos, tanto en Argentina como en el resto del mundo?… ¿O más bien su causa es más profunda?
Me inclino por lo segundo… Desde hace varios años las personas que estamos relacionadas a la salud pública o privada, sabemos que el sistema sanitario puede colapsar en cualquier momento. La causa de ello es el aumento de la cantidad de enfermedades relacionadas con el estilo de vida dominante, una mayor expectativa de vida sin una mejora en la calidad de ésta… en los países del primer mundo el aumento de enfermedades relacionadas con el excesivo consumo es alarmante, mientras que el aumento de la pobreza en el tercer mundo trae como consecuencia enfermedades relacionadas con carencias de tipo nutricional tanto en niños como en adultos (incluidas las embarazadas… y obviamente, los fetos en formación), aumentó la cantidad de personas que consumen drogas ilegales, y las que hacen abuso (sin ningún control médico) de las drogas legales, el aumento de la violencia trae consecuencias graves tanto físicas como psicológicas y sociales… todo esto hace que el sistema de salud tal y como está planteado se vea sobrepasado.
Nuestro actual sistema de salud – mejor dicho, «sistema de enfermedad» – está basado en una relación médico-paciente, en la que hay un experto que es «el que sabe» y otro que lo consulta sin tener responsabilidad sobre su propio cuerpo… este tipo de relación tiene consecuencias… tanto para los pacientes como para el personal sanitario.
¿Qué es lo que el vegetarianismo puede aportar al alivio del ya colapsado sistema?
Una mejora en los estándares de salud pública.
Ya son muchos los trabajos que demuestran que l@s vegetarian@s tenemos una menor incidencia de:
- enfermedades cardiovasculares (esto incluye infartos, hipertensión arterial, entre otras patologías);
- obesidad;
- diabetes, sobre todo del tipo II (no insulino-dependiente);
- diversos cánceres (especialmente los del aparato digestivo, respiratorio, genitourinario, etc.);
- cálculos biliares;
- cálculos renales; y
- osteoporosis.
Una dieta, tanto ovolactovegetariana como vegana, se ajusta a las recomendaciones dietéticas, de diversas organizaciones nacionales e internacionales, para prevenir ciertas enfermedades y preservar la salud ya que se trata de una dieta baja en grasas (sobretodo baja en grasas saturadas), alta en fibras e hidratos de carbono complejos y suficiente en vitaminas y minerales naturales.
Responsabilidad sobre nuestra propia salud.
La población de vegetarian@s y ovolactovegetarian@s muestra la tendencia de ocuparse por mantener su salud en un nivel óptimo. Para lograrlo necesitamos conocer y aprender acerca de nuestra propia fisiología y los procesos que llevan a conservar y restituir la salud. Las fuentes a las que podemos recurrir son muchas y variadas: desde una consulta a un médic@ higienista o un naturópata hasta cursos de cocina vegetariana, libros, listas de discusión e intercambio, etc.
Cuidado del planeta.
La ganadería es una de las actividades humanas más ecodestructivas del planeta porque:
- se destruyen millones de hectáreas de bosques para destinar esas áreas a la cría de animales (y a la agricultura extensiva, de monocultivo);
- los suelos se vuelven infértiles a la vez que las napas de agua se contaminan;
- las emisiones de gases provenientes de los intestinos del ganado en todo el mundo contribuyen al efecto invernadero;
- la cría de animales consume mucha más agua que la agricultura, sobre todo, más que la agricultura ecológica y orgánica…
Por todo eso, ser vegetarian@ es la forma más directa de colaborar con la protección de nuestros biomas, y de todas y cada una de las especies que los conforman.
La industria cárnica (junto con la de la leche, huevos y miel) constituye una vulneración al derecho de las otras especies de evolucionar libremente según sus necesidades y características.
Cuidado de las personas.
La energía que demanda una porción de carne en un plato (esto es la energía que consume este «pedazo de carne» desde la gestación del ternero hasta la compra en la carnicería y la cocción en casa) es equivalente a la energía necesaria para obtener 50 platos llenos de cereales integrales… ¡Cada vez que alguien se dispone a comer su plato de carne, hay 50 personas que en ese momento tienen sus platos vacíos!… ¿Podés dormir tranquil@ con esa imagen?…
Para producir unos 300 kg. de carne se necesita 1 hectárea durante 2 años. En ese mismo terreno y durante el mismo lapso podríamos obtener 6000 kg. de soja o 7000 kg. de trigo o 12000 kg. de maíz.
Imaginen un mundo de vegetarianos… ¿habría hospitales inmensos de alta complejidad?… ¿habría una desarrolladísima industria farmacéutica?… ¿habrían personas con hambre?… Por eso, la solución a este sistema está dentro de nosotros, en nuestro estilo de vida. No podemos quejarnos del actual sistema de salud si no revisamos primero qué estilo de vida estamos llevando e inculcando a nuestros hijos. NOSOTROS SOMOS LA SOCIEDAD EN LA QUE VIVIMOS… Podemos (y debemos) comenzar a ser conscientes de nuestros actos cotidianos y de cómo éstos influyen en nuestras vidas, en la de los demás y en el medio ambiente… sólo así podremos tener un futuro para nosotros, las futuras generaciones y todas las especies con las que compartimos este planeta.
Por la Dra. Andrea Cordone
UVA Unión Vegana Argentina